Las noticias inventadas, la falta de rigor editorial, la autocensura, las presiones editoriales y las operaciones de prensa, son problemáticas que están presentes, hoy en día, en las redacciones de los medios de comunicación.
No se necesita ser experto para darse cuenta de que muchos ejercen la profesión en espacios en los que hay más espejos que ventanas, y por tanto, gastan más tiempo contemplándose a sí mismos que viendo a los demás. No escuchar al otro es siempre una forma efectiva de cerrarle la puerta a la verdad, claro ejemplo de algunos periodistas que seleccionan a sus fuentes con el único fin de que expresen lo que en realidad no es más que su propio punto de vista, siendo esta una clara forma de engaño.
Otra forma de mentir es la obsesión de convertir todo en farándula, mezclando la lentejuela con el desastre, poniendo frente a nuestros ojos un carrusel de masacres, juntar la histeria de la muerte con la histeria de los goles, y después, mostrarnos un desfile de mujeres semidesnudas, como si creyeran que así nos garantizan un final feliz. Es una manera perversa de ejercer el periodismo además, le quita a la gente el verdadero sentido de la realidad y también, de la verdad.
Otra mentira consiste en creer que el buen periodismo es sólo aquel que descubre la desgracia, la injusticia. Claramente la labor de fiscalización de los funcionarios público es un deber importante, pero lo malo es reducir el periodismo a eso, dejando de lado la vida común y corriente de la gente, sin pensar en lo necesario.
Por otro lado, lamentablemente muchos periodistas piensan que la ‘verdad’ les matará su historia, teniendo como principal objetivo el sorprender a los lectores y elevar las ventas del diario o el rating del canal en que trabajan, sin pensar en el camino para conseguirlo y en que la verdad no hundirá su historia, sino le dará validez, y a él como periodista, mayor credibilidad.
Además, la prensa no debería quedar al margen del escrutinio público, los ciudadanos deberían tener el derecho de pedirle cuentas, relacionadas estrechamente con la demanda de rigor y honestidad. Nadie discute lo esencial que es el marco ético en que deben desenvolverse los abogados, los médicos o los profesores, ¿por qué habría de ser distinto en el caso de los periodistas?.

